El otro día iba por ahí y me pareció, ligeramente, percibir tu perfume, rondando en el aire. Así que me acordé de ti y te busqué. Pero nada.
Otro día distinto, también iba por ahí, aunque esta vez no fue una sensación ligera, estaba completamente seguro de que había olido tu perfume, y creí saber quién era la responsable. Me fui acercando, mientras bebía de ese perfume a bocanadas, hasta que pude fijarme de quién se trataba.
Un último día, y realmente nada tiene esto que ver con el resto, vi en mi clase a una chica que llevaba uno de estos sujetadores 2 tallas menos de lo que le tocaría, con lo cual, el resultado era que las tetas se le salían por todas partes. Y eso también me hizo acordarme de ti.
He estado leyendo un libro, donde aparece una cita de Martin Amis, que dice lo siguiente:
"Artists are waiters"
Me estuve pensando seriamente el significado de la frase. El contexto del libro hablaba sobre la espera, así que me pareció interesante reflexionar sobre la espera en el arte. No, mejor dicho, la espera en el artista. Como uno de ellos (y no por este patético intento de filosofía, ni siquiera por la falsa imagen de escritor, no) puedo confirmar el valor fundamental que la espera tiene sobre el artista: éste tiene como principal tarea la creación de obras, no necesariamente bellas (en cierta manera es una especie de Dios, pero sólo en cierta manera), con el objetivo final de transmitirlas a otras personas; ser capaz de hablar un lenguaje por encima de las palabras solas y hacer que otros lo entiendan. Suena fantástico, ¿verdad? Sin embargo no todo es camino de rosas. Hay gente que tiene suerte, pueden vivir para ver el efecto positivo de su creación en la gente; otros no tienen tanta. Muchos no aguantan. Muchos tienen la desdicha de, con su muerte, propiciar la aceptación de su obra (son mártires de su propia causa), otros tienen que esperar generaciones enteras para que su obra sea "redescubierta" o incluso "reinterpretada" por a saber quién. El artista tiene, de hecho, un enorme peso sobre su cabeza, cuando se trata de esperar. Generalmente uno se enfrasca en su propia obra, y tras la primera viene la segunda, y luego la tercera, y así en una cadena que a la vez es una venda en los ojos, antifaz completamente negro, y eso te deja vivir. Pero en algunos momentos, cuando la inspiración cesa, es como cuando la lluvia se termina y te deja escuchar... Es cuando te paras a pensar y te das cuenta no hay nada que puedas hacer por ti mismo, ya que todo está hecho. Tan solo queda la terrible espera. O tal vez lo que quería decir Amis es que todos somos unos putos camareros, porque el arte no da para vivir, de hecho no da ni para morir, y tenemos que acabar sirviendo mesas, ya que no somos capaces de servir nuestra propia obra con su merecida guarnición y su salsa acompañando. Qué sé yo.
Piensa en las edades de la Tierra. Ahora compáralo con el tiempo que dura un orgasmo. Imperceptible, ¿verdad? Ahora piensa en la última vez que echaste un polvo por amor y compáralo con las edades del Universo. ¿No es como para alegrarse? Ningún tiempo es demasiado. Antes de que te des cuentas estarás jodido dentro de un ataúd preguntándote: “¿Por qué coño no agarré ese chochito cuando tuve la oportunidad?”
Bueno, piensa esto: ella ahora tampoco tendría muy buen aspecto.
Todo lo que recuerdo es esto. Y el agua se vuelve amarilla. La noche tiene muchas maneras de decirte “te quiero”. Las mujeres, por ahora y que yo sepa, sólo tienen una.
-El otro día estuve con una puta, se llamaba Lana, y ¡Jo-der cómo la comía! Su boca era como mantequilla, tío. La tuve amorrada al pilón un buen rato, y al final cuando le solté el chorro, no dejó escapar ni una gota. Luego la monté hasta que me aburrí… joder, qué noche.
-No entiendo cómo puedes pagar por un chocho. Yo no he aflojado el monedero por un polvo en mi vida, ¡y nunca lo haré! Si quiero follar, sólo tengo que poner mi magia en marcha y… ¡Pam! Esa noche tengo a una.
Un silencio y una sonrisa. La mía.
-Tío, te voy a decir algo: el dinero es lo único que puede realmente comprar un polvo.
-Pero qué dices.
-¡Déjame terminar, ostia!
-Está bien, está bien.
-Mira, cuando compras a una mujer, NO compras sus mierdas, tener que aguantarla toda la noche, tener que pagar sus copas, tener que meterla en tu casa (o pagar un taxi hasta o desde la suya), no tienes que convencerla de que se vaya después del polvo, y en el peor de los casos, no tienes que convencerla de que al día siguiente quieres desayunar solo. Todo eso viene en el trato: quedas, le pegas un polvo y se pira. Eliminas todos los elementos engorrosos e incómodos por un módico precio. ¡Y bien contento que lo hago!
Continúo:
-¿Cuánto dinero te has dejado en invitarlas a copas, taxis, aguantando sus cursiladas, sus conversaciones insulsas…? Mira yo te digo lo siguiente: las putas son fuerzas positivas del universo.
No recuerdo más de esa conversación. Volviendo a casa decidí dar una vuelta estúpida, tardar más en llegar no era problema, no había nadie esperándome. En el camino, no sabía si quería encontrarme con alguien o prefería rehuir a la gente; no sabía si quería ser el único superviviente de la Tierra o llenar el mundo de pequeños Henryleetos; si mejor una bomba nuclear o un baby boom.
Mientras pienso esto, una puta sube la calle mientras yo la bajo. Le sigue, sólo unos pasos por detrás, un viejito encantador, con bigote amplio, blanco, y una sonrisa de oreja a oreja, que parece que lo va a decapitar, como un tronco cortado con hacha. Ella es negra, enorme, con un culazo que se te escapa de las manos. Va a hacerle papilla. El agua es amarilla cuando refleja las farolas en los charcos, y yo sólo puedo pensar: Dios las bendiga a todas.
Les contaré algo bueno. Chico de quince años, en Los Angeles. El padre dice que ya es hora de que eche su primer polvo. El chico tumbado en el césped leyendo tebeos. Sale el padre y dice: "Hijo, aquí tienes veinte dólares; quiero que te busques una buena puta y le pegues un buen palo." De manera que coge el coche y se lo lleva a una casa de putas finas y le dice: "Bueno hijo, arréglatelas tú solo. Llama al timbre y cuando te abran le das los veinte dólares a la mujer y le dices que quieres pegarle un palo." "Vale papi." Como al cuarto de hora, sale otra vez el chico. "Qué hijo, ¿ya has echado el palo?" "De buten. La fulana me abrió la puerta, le dije que quería pegar un palo y le solté veinte machacantes. Subimos a su cuarto, se puso en pelotas y yo saqué mi cadena y le solté un palo del copón y la tía empezó a armar semejante cristo que tuve que coger un zapato y machacarle la sesera. Después me la follé para quedarme contento."
El Hombre hace crujir sus huesos, un chasquido de marfil que no parece llevarle a ninguna parte.
El Hombre cruje los huesos de la mano, mano contra mano, y la mano hace crac, y suena como si los dedos se le desmoronasen, como viejas columnas de piedra que finalmente se derrumban contra el suelo. Y es de hecho lo que hacen.
No es tanto la visión del a mano sin dedos lo que le duele, las sombras de pulgares, índices, meñiques, corazones y anulares… dos de cada. No, lo que le duele realmente es escuchar el chasquido, como corteza de árbol saltando, el crac, y luego el golpe seco contra el suelo. Pues bien, El Hombre soy yo. Esto no es ningún tipo de metáfora, ningún doble sentido, es sencillamente ASÍ: estoy escribiendo ahora mismo con la boca, apretando el bolígrafocon los dientes, notando el plástico en mi lengua, imaginando el sabor de la tinta en mi garganta; estoy escribiendo con los pies, apretando el bolígrafo con los dos pulgares, pensando si puedo hacer lo mismo con mi polla; estoy escribiendo con los ojos, con la punta de la nariz empapada en brea. Estoy escribiendo con la cera de mis orejas, con el sudor de mi entrepierna; por supuesto, estoy escribiendo con mi POLLA, abandonada, polvorienta, cubierta de telarañas amarillas, verdes, oxidada y marrón, olvidada en un rincón. Tuberías muertas. Pero por tuberías muertas también pasa el agua, agua de cloaca, pero agua.
Pienso en la noche, Apago la luz y espero a que mis ojos se acostumbren a la oscuridad, pero eso no llega a ocurrir. Pienso en que “esto es lo que debe significar la ceguera”, ni luces ni sombras, tener los ojos abiertos de par en par, palpártelos, ser consciente de que estas viendo la nada.
He perdido la concentración. La perdí hace mucho tiempo, a saber donde. No tengo sueño ni concentración. ¿Qué me queda, entonces? A veces el sueño se interpone, es como un puto obstáculo. A veces te planteas “¿Por qué ahora, por qué justo ahora el mundo se para, y lo llamamos “noche”; la gente apaga la luz, las tiendas se cierran, y ahí estoy yo, con los ojos tan abiertos que hay un vacio en mis cuencas, y mis ojos no están sujetos a nada, flotan directamente. Podrían salir rodando si quisieran. Pero no quieren.
Estoy parado, esperando a que el mundo se reanime, viendo cómo la noche se interpone en mi camino, y lo llaman “descansar”. ¿Descansar de qué? Queda mucho por hacer, mucho que pensar, mi cabeza bombea sangre, tengo que levantarmeTENGOQUEHACERALGO.
Pero la noche me gana la batalla. El reloj me golpea el oído hasta que sangra, pero los hospitales también están cerrados, así que tengo que esperar a que la sangre coagule, a que se seque el grifo. Mañana me volverán a dar de comer. Mientras tanto, sujeto el boli con la boca, como si nada. Mi polla sigue perdida, en algún pantalón de mi armario, que mas da, no voy a ir a ningún lado con ella. Tal vez si la encuentro la subaste por Internet. No me gusta hablar de Internet, porque pienso que hace de la escritura algo viejo, y a la vez demasiado actual, demasiado contemporáneo. Internet es demasiado grande, me hace sentir pequeño, y nadie quiere sentirse pequeño.
Siguen sin llamarme de ninguno de los curros a los que envié mi currículum y hoy es uno de esos mejores días de mi vida. Estoy tumbado en la cama, semi-vestido (o semi-desnudo, claro), son todavía las once pero llevo varias horas despierto. Las ventanas están abiertas de par en par y mi vecino puede verme con toda tranquilidad, sólo tiene que asomarse un poquito. Y yo me sorprendo de ver cuánto esperma puede producir un hombre en una sola mañana.
Siguen sin llamarme de ningún trabajo, realmente sólo han pasado 2 minutos desde que lo he pensado antes, pero el pensamiento me consuela: quisiera seguir así todo el verano, sin tener que pasar por la incómoda situación de rechazar un trabajo. Me pregunto durante unos segundos cómo haré para pasar el resto del verano con el poco dinero que tengo, pero pronto dejo de pensar en eso y cojo un libro.
Creo que tengo un tapón en el oído izquierdo, noto algo raro, como alguien poniéndome la mano en la oreja. Pienso en ello y luego dejo de pensar en ello, y vuelvo a mi libro, pero no puedo concentrarme y vuelvo a pensar en ello. Me esfuerzo por notar alguna diferencia entre mi capacidad auditiva en la oreja izquierda y en la derecha. Chasqueo los dedos a un lado y a otro, cerca y lejos. Pero no noto nada. Me planteo ir a una farmacia a comprar uno de esos sprays que te disuelven la cera de los oídos, y realmente creo que es una buena idea, pero sin embargo la descarto. A lo mejor es algo más serio que un tapón en un oído, a lo mejor es un tumor o algo así. Vuelvo al libro. Realmente es bueno, el autor este.
Por fin el vecino se digna a mirarme desde su balcón, y yo sigo en calzoncillos pero dejo de acariciarme la polla, no quiero que piense que soy marica. Por un momento me acuerdo de Eileen. Eileen era una chica de mi instituto, que tenía unas tetas enormes. Tenía 16 años y un buen par de melones. Todos estábamos encantados, y además ella vestía siempre escotes generosos, con lo cual estábamos más encantados. Eileen llevaba aparato corrector en la boca, era un aparato muy desagradable, con trozos de comida pegados en él, unas gomas que le impedían abrir mucho la boca y unos hilillos de baba que se quedaban pegados en su comisura. Nosotros no lo sabíamos pero sus amplios escotes se debían a la vergüenza que le daba tener esa boca metálica soldada a la piel, con lo que trataba a toda costa que no le mirasemos la cara. Sólo diré que funcionaba. Un par de años más tarde, a un paso de la facultad, a Eileen le quitaron los brackets y pasó, de la noche a la mañana, de vestir con escotes a camisetas cerradas hasta arriba. Fue una gran decepción para todos. Por suerte para aquel entonces a las demás chicas les habían crecido también las tetas y además llevaban tacones. Y minifaldas.
Llaman al teléfono y yo me asusto. Es mi novia, llamándome desde el trabajo, menos mal. Me dice que llegará un poco más tarde a comer y yo lo apunto mentalmente. Soy ahora el amito de la casa y no me da ningún reparo: friego los platos del día anterior, limpio un poco el polvo, pongo lavadoras y hago la comida. No está tan mal. Es peor estar en una oficina o detrás de una barra, pienso, aunque nunca le digo estas cosas a mi novia porque se ofende.
Ella entró en el cuarto de baño cuando yo estaba llorando. Le dije que no entrara, pero ya ves, eso de las palabras a veces está un poco sobrevalorado. Le dije que no entrara pero entró, y allí estaba yo, llorando como un nene, con los pantalones bajados y mi culo aplastado en la taza del water. A veces me gusta quedarme durante horas en el water, es un buen sitio donde pensar. También lo son muchos otros, pero bueno, no en todos puedes tener el culo aireándose. El tema es que entró. Y ella no tenía que haberme visto llorando.
Realmente, yo creo que no hay verdaderos tíos duros. Casi todos intentamos parecer duros, pero no conseguimos hacerlo durante todo el rato. Al menos, yo no puedo. Todos tenemos que llorar con algo, creo. Para ser un tío verdaderamente duro, tienes que ser un auténtico hijoputa sin sentimientos. No sé, a lo mejor es que simplemente soy un blandengue, y no quiero reconocerlo.
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Y aquí estoy otra vez, en el baño. ME GUSTA el baño. Echo un zurullo, dejo que caiga. Dicen que las personas soportan sin problemas el olor de su propia mierda pero consideran insoportable el olor de las demás mierdas. Mi novia puso en el baño uno de esos ambientadores olor a lavanda. Definitivamente huele peor que mi mierda. Estoy aquí pensando en la cantidad de aburrimiento que rodea Internet. Toda esa montaña de información que conseguimos, que nos envuelve, y que nos ENGANCHA pero… al final acabamos siendo adictos a nuestro propio aburrimiento. En el fondo no necesitamos aprendernos todas esas biografías del Wikipedia. Saber que puedes saber lo que quieras te hace ser curioso por las mayores estupideces. Te encuentras leyendo todo tipo de mierdas tan sólo porque has descubierto lo que puedes aprender si NO estás en la calle, tomando algo con los amigos, dando un paseo, tocando la guitarra, estudiando para tu carrera, buscando un trabajo. Ese mismo aburrimiento es el que nos mueve a perder el tiempo en infinidad de blogs, como puede ser éste. Nunca me he puesto a intentar adivinar cuántos me leen aquí, cuántos saben eso de que existo, y cuántos vuelven. Ese mismo aburrimiento me hace estar aquí, en el water, con el portátil en las rodillas, ardiéndome, mientras la mierda de mi culo se reseca y yo no voy a ninguna parte. Vaya MIERDA.
esta semana tampoco he salido de casa. ni he dormido. esta semana tampoco he podido mear. ni he encontrado trabajo. esta semana siguen sin pagarme aquello que me tenían que pagar. esta semana sigo sin tener nada que decir. . . .
¿Hola? ¿Estás? ... Vaya, pensaba que ibas a estar. Tan sólo pensaba que, ya sabes, podríamos hablar de lo de la otra noche. No sé si tú piensas lo mismo, pero yo creo que fue, esto, pues, importante. .... ¿no? ... Escucha... yo no suelo hacer estas cosas, es sólo que... bueno... bah, olvídalo. ... Pégame un toque cuando llegues a casa, por favor.
- ¿Sabes que las personas muy obesas tienen tendencia a quedarse estériles? - ¿Sí? ¿Y eso por qué? - Tienen una capa de grasa tan gorda alrededor de los muslos que recalientan los huevos, y en conscuencia, su esperma. Y si el esperma está demasiado caliente, los espermatozoides de dentro se mueren. - Vaya. - Los huevos están fuera del cuerpo para poder mantener una temperatura más baja que la del cuerpo humano, porque si no es así, los espermatozoides no sobreviven. - Joder. - ¿Sabías eso? - No.
Eso fue todo. No hablamos de mucho más. En mi camino de vuelta a casa pensé: "Qué sabia es la naturaleza". Luego me arrepentí de haberlo pensado, me dije a mi mismo "qué cruel". Pero luego el pensamiento vino a mí otra vez. Qué sabia, la naturaleza. Para cuando llegué al portal de mi casa ya me había hecho a la idea de que volver a arrepentirme era una pérdida de tiempo, así que dejé mi pensamiento tal como estaba. La cerradura de mi portal siempre da problemas, tengo que apretar con todas mis fuerzas para sacar la llave, es como si succionara la llave. De repente pensé en un coño. Luego en galletas.
Buscando trabajo por Madrid. Contando y volviendo a contar el dinero del banco. Anotando el café que te tomaste como un colega y restándolo a la cantidad anteriormente apuntada. Contando y volviendo a contar el dinero del banco. Dándome cuenta de que es mucho más barato comprar café e invitar a mis amigos a tomar café en mi casa. Con la cama sin hacer. Los platos sin limpiar. Dándome cuenta de que la vida es mucho más interesante leída en un libro de Bukowski o Miller que vivida por mí. Contando y volviendo a contar el dinero del banco.
Un viejo me enseña el muñón que tiene por pierna y pretende que esa sea la razón por la cual yo le dé el dinero que me queda, con el que quiero pasar la semana. Se lo doy. Luego me arrepiento y le pido que me lo devuelva, pero el hombre monta en cólera. Después de discutir unos segundos caigo en la cuenta de que el tío es un inválido, así que sencillamente meto la mano en el vaso de papel y saco mi billete de cinco dólares. Oigo sus gritos tras de mí mientras me alejo, y el aire los deforma, y al final no se distinguen del sonido del tráfico, de las obras de la calle o del murmullo de tantos pies moviéndose a la vez por la acera. Pobre acera.
Soy como un dragón que echa fuego por la boca. Se la intenté clavar cuando no la tenía completamente empalmada, me costó bastante, pero a ella pareció darle igual. Sólo quería una polla entre pierna y pierna. Sándwich de polla. Con Mayonesa. Estuve dándole un buen rato, cabalgándola, hundiendo y sacando mi tranca, y ella gritaba, mordía la almohada, arañaba las sábanas. Al fin terminé. Solté todo lo que llevaba dentro. Fue como vomitar, a través de mi polla. Y cuando acabé, ella seguía moviéndose, espasmódicamente. Me gritó y me insultó por terminar tan pronto, trató de arañarme, pero yo fui más rápido. Me levanté de la cama y me quedé mirandola. Levantaba su culo y lo estampaba contra la cama una y otra vez, mientras gritaba y se contorsionaba. Yo pensaba en los vecinos. Y, seguramente, ellos estarían pensando en mí en ese preciso instante. De repente se incorporó, y, alargando su mano, alcanzó el bolso, y empezó a rebuscar en él, nerviosamente. Tardó poco en encontrar lo que parecía un proyectil de la segunda guerra mundial, ahora llamados consoladores. Lo sacó y empezó a metérselo en el coño, como martilleándolo. Sus gritos se hacían mayores, y yo me senté en la silla del escritorio. Cogí un cigarro de un paquete en la mesa y esperé. Imaginé que no se iba a encender solo, pero tampoco era ése mi interés, pues yo no fumo. Simplemente, jugueteé con el, imaginé que hablaba con él en la boca, imaginé que lo encendía, imaginé que me lo encendían, imaginé que pedía fuego. Ella seguía dale que te dale, gritó y me pidió perdón porque se acababa de correr sobre la sábana. Yo no sabía que las mujeres soltaran nada al correrse, pero tampoco quise indagar sobre el tema. Pensaba que todo había terminado cuando ella simplemente volvió a introducirse esa enorme máquina de matar en el coño (mata-coños), quería volverse a correr, decía. Yo pensaba en la niña del exorcista. Y ya me había cansado del cigarro. Fui a la cocina y picoteé algo que había por ahí, unos cacahuetes y unas rosquilletas. Pensé en hacerme un café. Luego dejé de pensarlo. Con el sabor salado en mi boca volví a la habitación y ella se encontraba espatarrada en el suelo, entre la cama y la mesa del escritorio, y volvía a pedirme perdón por haberse corrido (otra vez) en mi suelo. Sencillamente me lo había montado con una especie de catarata humana. Le dije que no importaba, que ya lo limpiaría luego. El aire en la calle sería bastante frío, supongo. Me hice un caldo de setas y me acordé oportunamente de borrar el teléfono de esa chica de mi agenda. Se llamaba Rosa.
Me la pone dura que lleven pantalón largo pitillo apretado. Me la pone dura que lleven tacones imposibles y que se balanceen sobre ellos. Me la pone dura que lleven sujetadores muy pequeños. Me la pone dura que no lleven sujetadores. Me la pone dura que lleven mucho escote. Me la pone dura que se les vea el tanga por encima del pantalón. Me la pone dura que lleven las uñas largas. Me la pone dura que sean tontas. Me la pone dura que se hagan las tontas. Me la pone dura que lleven minifaldas. Me la pone dura que lleven botas de tacón de aguja por fuera del pantalón. Me la pone dura que lleven esas gafas de secretaria con la patilla gruesa. Me la pone dura que lleven esos pendientes de aro tan grandes. Me la pone dura que sean jóvenes. Me la pone dura que sean maduras. Me la pone dura que sean rubias. ...............morenas. ...............pelirrojas. Me la pone dura que lleven el pelo rizado. ................extra-liso. ................un poco liso. .................ondulado. Me la pone dura si se cabrean. Me la pone dura que sonrían. Me la pone dura verlas beber. Me la pone dura verlas bailar. Me la pone dura cuando yo soy el cliente y ellas la dependienta, y me tienen que sonreir porque es su puto trabajo no porque yo les caiga ni lo más mínimamente bien, y de hecho me sonríen y yo me pongo enormemente cachondo.
Debido a que todos vosotros ( y por todos vosotros me refiero a los 5, como mucho 6, que leeis este blog) sois unas ratas de cloaca y no habéis comprado mi libro, ni lo vais a hacer, me veo obligado a regalároslo. Y así lo voy a hacer. He subido el libro entero a google books (http://books.google.com) y ahí lo podéis buscar, y leer entero. No descargar, pero sí leer. ¿Qué pasa si además de ser unas ratas de cloaca también sois unos perros sarnosos, holgazanes como el que más, y no queréis daros la palilza de buscar el libro en la susodicha página? Pues tampoco pasa nada, porque yo os doy el link exacto exacto, para que sólo sea clicar y empezar con la lectura. No digáis que no os lo he puesto fácil. Esto es una absoluta rendición sin condiciones, una bandera blanca enorme. Decídselo a vuestros amigos.